martes, 30 de abril de 2013

Realidades y ficciones del Cibermundo del siglo XXI - Sociedades del Espectáculo


Tatiana Villada Díez
Sociedades del espectáculo
 Universidad EAFIT 
Medellín, 2013



Realidades y ficciones
del Cibermundo del siglo XXI

“Creo que hoy en día, en el umbral del siglo XXI, tenemos que aprovechar la lección que se desprende de lo negativo de un progreso que sigue siendo progreso, pero que ya no es un progreso todopoderoso, un progreso idealizado por un pensamiento, sin marcha atrás  frente a la cara oculta del positivismo.” (Virilio, 1997, p. 14)


Del progreso se conjetura una connotación positiva. Ir hacia delante, ir más rápido es tener una ventaja ante los demás, y la ventaja siempre es buena. Las revoluciones tecnológicas son una muestra de ese pensamiento del hombre, del afán por ir más rápido y llegar más lejos. Pero toda revolución significa un cambio radical y ese salto hacia adelante implica dejar cosas atrás, por lo tanto, implica perdida.

Paul Virilio, arquitecto, urbanista y teórico cultural, cuyo trabajo se centra en el análisis de la velocidad y la tecnificación, y de cómo ésta ha configurado la sociedad desde la revolución de los transportes –conjugada a la industrial-;   advierte de las consecuencias negativas de la tecnología y plantea que la tendencia a usarla para afectar la relación tiempo-espacio, está llevando a la perdida del territorio, del lenguaje y del cuerpo (el propio y el del prójimo); lo que finalmente, provocará la implosión de la ciudad y así la desintegración de la comunidad.  Sin embargo, el deseo por innovar no se detiene y por el contrario, el progreso de la técnica es cada vez más veloz. Quizás, debido a esto, sus ideas premonitorias pueden parecer hoy más lúcidas y los fenómenos más identificables que en el momento de haberlas formulado: la visión de un tierra reducida que nos condena al confinamiento, el tiempo real desplazando al espacio real, y el cuerpo virtual remplazando al cuerpo propio.

De allí que surjan preguntas como: ¿se habrá llegado ya a esa posmodernidad avisada? ¿será esta sociedad la población de ese no-lugar virtual? ¿es ya la tierra una prisión y cuerpo un obstáculo? Con la intención de reflexionar sobre estos cuestionamientos y tratar de avizorar si hay una real cercanía entre el siglo XXI del que nos previene Paul Virilio en la década de los noventas y el estado actual de las cosas, este texto retoma algunos de los planteamientos sobre la velocidad y el espacio que expone en el libro “Cibercultura, la política de lo peor” y los analiza a través de fenómenos recientes.

***

El siglo XXI, la teoría de la ciencia- ficción

En el libro “El Cibermundo, la política de lo peor”, publicado 1997, Virilio afirma no tener miedo de jugar a adivino porque no hay otros para hacerlo… Sin embargo, su visión pesimista del siglo XXI ya se encontraba presente en la literatura y el cine décadas atrás. Incluso, filósofos como sus contemporáneos Jean Baudrillard y Michel Serres, también se ocuparon de teorizar sobre la posmodernidad y “los accidentes de sus inventos” – como bien podría expresarlo Virilio–.

Ya desde 1927 el director de cine Fritz Lang con la película Metrópolis describía un siglo XXI altamente industrializado y apocalíptico. El conocimiento era el poder y la élite estaba conformada por los pensadores y propietarios que sometían y explotaban a la clase obrera.  Se podría suponer que Lang advertía los peligros del desarrollo de la industrialización y la tecnología en el futuro. Desde entonces, el tema de la tecnología como potencial enemiga -de los robots que se vuelve en contra de su progenitor- se ha repetido innumerablemente en el cine y la literatura.

Desde hace casi setenta décadas, la literatura de ciencia ficción comienza a  imaginarse la revolución de las comunicaciones. El primer rastro está quizás en la novela “A Logic Named Joe” del escritor estadounidense Murray Leinster, la cual fue publicada en 1946. En éste, el autor describe una sociedad en la que hay un Lógico en cada hogar y muestra cómo estos se conectan entre sí para posibilitar la comunicación y transferencia datos. No hay que hacer ningún esfuerzo mental para relacionar al lógico con los computadores y su intercomunicación con el internet.  Lo que una vez fue ciencia ficción hoy es una realidad y más que una realidad, una cotidianidad.

En 1984 se populariza el neologismo “Ciberespacio” con la novela gráfica de William Gibson el “Neuromante”. En ella encontramos al igual que en “Metrópolis” el conocimiento/información como fuente de poder y, como en “A Logic Named Joe”, un red ficticia de computadores que almacena la información. En el ciberespacio del “Neuromante” hay una completa interactividad entre mundo virtual y el “real” y los seres de uno pueden afectar y percibir el otro. Realidad virtual, el hombre biónico y la inteligencia artificial hacen parte del imaginario de esta novela y del de Paul Virilio.


El Ciberespacio y la Ciber-città

“El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos." (Barlow, 1996)

“La cuestión de la telepresencia deslocalizada, la posición, la situación del cuerpo. Todo problema de la realidad virtual es, esencialmente , negar el “bic et nunc”, negar el “aquí” en beneficio del ahora. Ya lo he dicho: ¡ya no existe el aquí, todo es ahora! (Virilio, 1997)

La revolución de los transportes, desde el uso del caballo hasta el avión supersónico, significó un constante cambio en la percepción que el hombre ha tenido sobre la relación espacio - tiempo. La velocidad ha sido la ganancia de esta revolución, pero se ha perdido el trayecto y por lo tanto la relación con el territorio, el aquí y ahora con el otro. Al acortar las distancias, la visión de la tierra se ha hecho más pequeña, se vuelve teleobjetiva. El mundo organizado a través de la geopolítica pasa a ordenarse según la cronopolítica. No obstante, la revolución de los transportes quedó rezagada una vez se cruzaron las barreras del sonido y del calor con el avión hipersónico y cohete espacial respectivamente. Fue la revolución de las transmisiones la que alcanzo la velocidad de la luz y que marco un nuevo punto de partida en la percepción del mundo. El mundo que ya se hacía pequeño se expande a través de la virtualidad y se convierte en “la venta de escape.”

A pesar del positivo entusiasmo de muchos ante la popularización de Internet y los avances en la electrónica que produjeron la revolución de la información y las comunicaciones, es decir, de las transmisiones –a la que suelen concederle el don de la democratización del conocimiento y que ven como un medio para la democracia en sí misma– Virilio, con una mirada más aguda y menos positiva, la considera un peligro potencial para la sociedad.

En primer lugar, desmiente la creencia de que cada vez que se da un progreso en la velocidad devendrá en un progreso en la democracia. Hoy es claro como con el auge de las tecnologías de la información el mundo se divide dos, los que tienen acceso y los que no, los que van a toda prisa y recorren el mundo a través sus aparatos electrónicos y los que están estancados en el tiempo y el espacio. En este contexto la democratización del conocimiento en el mundo es una ilusión, no puede haber democracia cuando solo una porción participa. 

Por otro lado, para la porción del mundo que ha sido testigo de esta revolución, muchas de la cosas que una vez eran apenas imaginables hoy hacen parte de su vida diaria. El ciberespacio emerge, se conforma, existe; a pesar de carecer de ubicación geográfica y materia, está en todas partes. Se circula a través suyo y se está suspendido en él. Esto no significa precisamente que habitemos en el ciberespacio, que estemos absorbidos en La matrix, que se haya perdido de vista la línea divisoria entre la simulación[1] y la realidad. La matrix sigue perteneciendo hasta el momento al campo de la ciencia-ficción.

Pero, como ha quedado demostrado que la ciencia-ficción no se separa por mucho tiempo de la realidad y ya es imaginable la virtualización total del mundo, es lógico que Virilio, como adivinador del futuro pero ante todo como urbanista, se pregunte si es posible una ciber-ciudad cuando se pierde el lugar. Partiendo de que para él “la ciudad es el lugar de los trayectos y de la trayectividad. Es el lugar de la proximidad entre los hombres, de la organización del contacto” (Virilio, 1997, p. 42). Puede deducirse –aunque no lo diga explícitamente– que su cuestionamiento tiene en el fondo una resolución pesimista.

Los programas de simulación como Second Life[2], pueden considerarse como lo más parecido a “habitar” en la red. Su arquitectura, tanto en lo que aparenta ser estructura, como en lo social; son representaciones de la ciudad –cualquier ciudad, exista en el plano real o no– y de las relaciones de la sociedad. Sin embargo, son representaciones incompletas. A pesar de tener referencias del mundo “real” sigue siendo un espacio deslocalizado, sin trayectos, mediado por el instrumento. Y mientras esté mediado por el teclado, la pantalla y los visores; la línea divisoria entre la simulación y lo real permanecerá visible, seguirá siendo una habitar secundario. Por otro lado, si bien como entorno social, se configura como un lugar que propicia la interacción; carece de urbanización. El tiempo global que es el tiempo real interrumpe cualquier asomo de historia porque deslocaliza a los sujetos y los objetos.

La velocidad, la inmediatez, el tiempo mundial que impera en el ciberespacio; potencial contenedor de la “Ciber-cittá” (Virilio, 1997, p. 43), puede aumentar la interacción virtual, pero reduce el lenguaje, es decir, la comunicación efectiva y elimina el trayecto. Y al eliminar el trayecto, se elimina la posibilidad de lugar común, de la plaza virtual, y el contacto con el otro. Sin contacto con el otro no puede haber política y sin política no puede haber ciudad. Ahora, teniendo en cuenta que la revolución de las transmisiones está por agotarse, es poco probable que la ciencia-ficción transcienda a realidad y la sociedad del siglo XXI se traslade a la matrix. De ser así y no tener la capacidad para urbanizar el espacio virtual, nos enfrentaríamos según Virilio a “un accidente general, un accidente de la historia, un accidente de accidentes (…)” (Virilio, 1997, p. 42). Y aunque apenas han corrido trece años de este siglo y existan ciertas tendencias a preferir en algunas ocasiones el contacto virtual ante al físico –como por ejemplo a través de los chats de los dispositivos móviles– las relaciones interpersonales – entre seres vivos y no animados- siguen siendo un aspecto importante en la vida del hombre que también sigue frecuentando los lugares de encuentro. El lugar público-privado todavía no cede al espacio virtual.


El hombre máquina

La revolución tecnológica no solo ha intervenido físicamente en la máquina, también lo ha hecho en el cuerpo vivo. La contracción de la tierra que se genera por la velocidad de las transmisiones, se replica en la revolución de lo trasplantes en el cuerpo. El cuerpo mutilado, el cuerpo completado, el cuerpo asistido,  el cuerpo reducido; es el accidente de esta revolución. La competencia ya no solo con el tiempo sino también con la vida. La eficiencia y el artificio en detrimento de la naturaleza.

Lo que comenzó en el campo de la medicina, como un intento por alargar y mejorar la calidad de vida; se fusiona con la tecnología –que hasta el momento había buscado generar el efecto inverso: la velocidad y la disminución– y aparece la domótica. Ya no se trata solo de largar la vida, sino de extender el cuerpo por fuera de los límites de la piel. Aparecen las prótesis funcionales y las decorado: la pierna para quien sufrió una amputación y los implantes de senos para quien simplemente quiera verse más voluptuosa. También parten de aquí las prótesis externas como el control remoto del televisor, los sensores de movimiento para el encendido de la luz y los dispositivos de reconocimiento de voz para accionar máquinas a distancias, por ejemplo; que suplen las funciones de movimiento y nos  paralizan. Se pierde entonces la conciencia del cuerpo propio y cuando no se tiene conciencia del propio cuerpo tampoco puede tenerse conciencia del cuerpo del prójimo, ya no se reconocen sus fronteras, la prótesis se vuelve carga y necesidad. ¿Qué sería de algunos sin su teléfono móvil o sin su computadora para ingresar a la red? Estas tres revoluciones tecnológicas: la del transporte, la de las transmisiones y la de los trasplantes; no solo han llevado hacia el progreso, es decir, a avanzar; también, han mediatizado la existencia han robado la libertad del ser.


“Lo que sé es que este accidente general, el impacto contra la barrera del tiempo, es un suceso que nos va a hacer ralentizar, retroceder, ir hacia atrás. Éste retroceso es un contragolpe a la conquista de la velocidad límite. Es aún demasiado pronto para decir que forma adoptará. No puedo prever la solución. Lo que puedo decir  es que la solución pasará por la cuestión urbana.” (Virilio, 1997, p. 53)
  


Trabajos citados

·         Virilio, P. (1997). El cibermundo, la política de los peor. (M. Poole, Trad.) Madrid, España: Ediciones Cátedra.
·         Barlow, J. P. (8 de febrero de 1996). DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DEL CIBERESPACIO. Recuperado el 19 de febrero de 2012, de BiblioWeb de sinDominio: http://biblioweb.sindominio.net/telematica/manif_barlow.html
·         Baudrillard, J. (1978). Cultura y simulacro. Barcelona, España: Editorial Kairós.




[1] Baudrillard, Jean Cultura y simulacro, (1978)
[2] Mundo virtual de acceso gratuito en internet en el que sus residentes navegan a través de programas de interfaz llamados visores que les permiten interactuar entre ellos mediante un avatarwww.secondlife.com

domingo, 22 de julio de 2012

LA MEJOR MANERA DE SER FELICES



En el marco del II Congreso de la Felicidad del Instituto Coca Cola de la Felicidad, EduardoPunset, director científico del instituto, explicó cómo son las cosas sencillas y, que no cuestan nada o muy poco, las que nos dan acceso a la felicidad: dormir bien, meditar, incluso tener un buen amigo, pero sobre todo, enfatiza en que es la capacidad de gestionar nuestras emociones, la que nos llevará a ser felices.



En un mundo en el que las dinámicas sociales han cambiado y siguen cambiando drásticamente, las filosofías del trabajo también han estado en constante transformación. La tecnología que interrumpe pero también apoya todas nuestras actividades cotidianas, las  exigencias competitivas y los ritmos cada vez más acelerados; requieren de un cambio de chip mental empresarial y de un nuevo trabajador, cada vez menos operativo y más creativo.

Lynda Gratton, experta en el tema de la búsqueda de la felicidad en el trabajo, plantea varias preguntas en torno a las cuestiones del mundo laboral que nos aguarda en los próximos años, llegando proponer tres cambios profundos en el mundo del trabajo de cara a 2025. El primero, es desarrollar conocimientos profundos en áreas de especialidad para lograr ser competitivos; el segundo, es crear capital social que nos permitan tener buenos enlaces y de este modo expandir nuestras posibilidades laborales y, el tercero, está muy ligado a lo que expone Pusnet: la gestión de las emociones. Gratton lo pone en términos de atender al capital emocional, refiriéndose con esto a la capacidad de autoconocimiento que nos permite entender que queremos hacer o ser, o diría yo, que nos apasiona, para que nuestro trabajo este en armonía con lo que somos. Pusnet, afirma que la intuición que surge de nuestro inconsciente puede ser una fuente de conocimiento tan válida y más amplia que la misma razón. A mi modo ver las cosas, este último punto que expone Gratton tiene mucho que ver con la intuición. 

Es así como Gratton y Pusnet, proponen finalmente que sea lo que sea que hagamos en la vida, la clave para hacerlo bien y destacarnos está en disfrutarlo, siendo felices y dándoles felicidad a lo que nos rodean. 

¿No sería mejor el mundo si todos trabajaramos haciendo lo que nos apasiona? ahí les dejos la inquietud.

yo siendo feliz!

Una frase que me gusto mucho y que la dijo Pusnet: “(...) es verdad, estamos programados, pero programados para ser únicos gracias al impacto de nuestra experiencia individual.”

miércoles, 18 de julio de 2012

Discos Fuentes, tesoro cultural de Colombia que se resiste a desaparecer


http://www.semana.com/photos/%5CGenerales%5CImgArticulo_T1_45851_2007620_104244.jpgSin duda alguna el catálogo de esta disquera se ha convertido en un patrimonio invaluable de la cultura musical de nuestro país. Ni la misma compañía tiene el número exacto de las obras que lo componen, pero aseguran, supera, quizás de lejos, la cifra de setenta mil. Por sus corredores estrechos y  sus amplios y elegantes estudios, desfilaron grandes artistas y agrupaciones como: el maestro Escalona, Buitraguito, Lucho Bermúdez, Los Corraleros de Majagual, La Sonora Dinamita, Fruko y sus Tesos, Joe Arroyo, Alci Acosta, entre tantos otros que sería prácticamente imposible terminar de nombrarlos. 


Le aposto a sus raíces y triunfó

Lo que comenzó como el sueño de Antonio Fuentes, su fundador, un hombre intrépido y apasionado por la música, ya va en 78 años de historia y de lucha. No no por nada, Discos Fuentes, la primera casa disquera creada en Colombia y una de las primeras de América Latina, es hoy, quizás, la más antigua disquera que sigue activa en el mundo. Hay que decir, sin embargo, que los tiempos han cambiado y que ya no es la misma que solía ser en sus años dorados cuando hizo éxito canciones como: El preso de Fruko y sus Tesos, Las caleñas son como las flores de los Latin Brothers con Píper Pimienta y La noche de Joe Arroyo, que siguen hoy tan vigentes y sonadas como entonces. 


Muy poco queda ya de la magia y de la fiesta ininterrumpida desbordante de sabor, de ritmos folclóricos, de risas y voces prodigiosas que se vivía a diario en sus estudios en aquella época. Hoy visitada sólo de vez en cuando por uno que otro gran artista del momento y resumida a la tercera parte de lo que fue su planta física, permanece la mayor parte del tiempo vacía y silenciosa. Los veinticinco empleados que quedan de los 320 que había para el año 1991 poco se ven y poco se sienten.  
No se quiere dar a entender con esto que Discos Fuentes  ya no es una empresa sólida. A pesar de la gran transformación a la que se vio obligada, sigue facturando grandes sumas de dinero. En primer lugar, gracias a las regalías que recibe por su amplio catálogo, al que se siguen sumando artistas y grandes éxitos. Pero más allá de eso, porque tuvo la capacidad de adaptarse a los cambios e innovar, y supo cómo hacerle frente con astucia, a la gran crisis de la industria discográfica.

Discos fuentes, fuente de talentos

Jorge Parra Jr. un conocido y talentoso productor musical que tiene un estrecho vínculo con la disquera. Sólo tiene 27 años, pero ya lleva una larga carrera musical y, más largo aún, ha sido su contacto con Discos Fuentes. Por un lado, su padre fue ingeniero de audio de la compañía, por lo que desde niño estuvo corriendo por sus pasillos y ganándose más de un regaño por jugar con los instrumentos. Luego, cuando apenas entraba a la adolescencia, su tío Fruko, (sí, el mismo de Fruko y sus Tesos) lo apadrinó y se lo llevó a trabajar con él. Gracias a esto, nunca se desvincula de la disquera y cuando llega a un punto de madurez personal y profesional es contratado directamente por ella. Aunque no le tocó la época realmente activa de la empresa, la historia de discos fuentes, es casi una tradición oral que se ah ido transmitiendo de generación en generación y que se lee a través de sus discos y fotografías. Ya no hay a quién le haya tocado vivir esa época. Incluso sus herederos y actuales dueños, llevan más de treinta años sin venir a Colombia.
Él fue mi guía en un breve recorrido por la historia y por las instalaciones de Discos Fuentes, mientras contaba con la propiedad de quién sabe de lo que está hablando y el entusiasmo de quién le apasiona lo que hace, algunos de los cambios de la industria musical y anécdotas que ayudan a entender el que, hoy por hoy, Discos Fuentes sea lo que es, un tesoro de nuestra cultura, que a pesar del polvo que lo cubre no pierde su inmenso valor.


Un pequeño recuento de la mano de quien vio parte y escuchó otra

Comenzamos el recorrido por un estudio de grabación de gran tamaño con piso de madera y elegantemente adornado. Me explica que todos los apliques, cenefas, y las paredes de algo similar al ladrillo hacen parte de un diseño acústico especial. Es decir, no es adorno. Allí, sentados en la banca de un viejo piano de cola comienza a relatarme los inicios de Discos Fuentes.
Nace como una emisora de música popular en Cartagena, en el barrio Basurto. Eso fue a inicios de los años treinta. Toño Fuentes, su fundador, era un músico, un tipo demasiado intrépido en el mundo musical que además era muy buen empresario.  Pertenecía a una familia de la industria farmacéutica. No era rico, pero tuvo la oportunidad incluso de irse a estudiar a Estados Unidos.  Este señor monta la emisora y se convierte además en un ‘caza talentos’. A los grupitos que sonaban por ahí los llevaba a la emisora a tocar en vivo. En esa época no se grababa en Colombia. La música de las emisoras, eran grupos en vivo. Él luego los firmaba y se encargaba de moverlos y todo el cuento. Más tarde la que fué su esposa, que era una paisa de familia de empresarios muy importantes en Antioquia, lo convence de trasladar la empresa a Medellín. Él tenía la visión y ella la plata para invertir. Es así como en 1954, la montan en una casa del barrio Colón, creo que eso queda como por el centro. En 1960 terminan de construir ésta en la que estamos (zona industrial de Guayabal), que antes era mucho mucho más grande. Era casi toda esta manzana y toda esa parte de enfrente donde ahora queda Leonisa.”

Discos Fuentes no solo es era una casa disquera. Antonio Fuentes se propuso diversificar tanto su negocio, que llegó a al punto de lograr completar todo el ciclo de producción. Grabación, presando del disco (el popular Lp), diseño gráfico e impresión de caratulas, etc. El disco salía de la empresa directo a las vitrinas de las discotiendas. Es por esta razón que para entonces hubiera muchísimo personal y que la planta física fuera tan grande.
Cuenta Jorge Parra que “Esa fue una época tan productiva y de tantos éxitos, que sacaban un artista que pegaba y con lo que mercaban con él, podían grabar otros diez artistas con los que quizás no pasaba nada. En esa época entraba tanto dinero que se podían permitir hacer eso: Invertir, cazar talentos y muchas otras cosas. De ahí también que los estudios se mantuvieran ocupados casi las 24 horas y que el catálogo sea tan amplio. Claro, hay muchísimos temas conocidos y que fueron éxitos, pero también hay muchos otros que ni siquiera sonaron y están ahí y que el día de mañana no sabemos que pueda pasar con ellos.  Eso pasa mucho en la música, uno  a veces graba algo y no suena y después de varios años el tema se comienza a regar y se vuelve un éxito total. Es que la música es hecha para toda la vida. Hacer eso hoy es imposible, hoy se piensa mucho a la hora de invertir en un artista nuevo, se da más que se trate de relanzarse uno que haya tenido mucho éxito antes”. 
Más de 70.000  obras musicales están en este Archivo. Muchas cintas que se compraron a disqueras que desaparecieron, siguen sin revisarse. Posiblemente haya un éxito esperando a ser descubierto

 

Contra viento y marea, contra la piratería y los años

Salimos del gran estudio y atravesamos varias puertas seguimos por un corredor estrecho, atravesamos más puertas, Tiene algo de laberinto. Llegamos a otro estudio igualmente bonito con una gran consola y un vidrio que lo separa de un pequeño cuarto con un micrófono en su interior. Mi guía me dice que es un diseño necesario para que lo que pase en un estudio no interfiera en el otro. Allí me ensaña a algunas cintas, de las que solían usarse para las grabaciones cuando solo era a dos canales y toda la orquesta grababa junta y de una sola vez, “la madre para el que se equivocara”, dice Jorge Parra sonriendo (era una frase muy popular de esa época). Así era antes de la era digital, antes de la piratería.
Desde su fundador, hasta los que lo precedieron, siempre se preocuparon por estar a la vanguardia. Así como rápidamente pasaron de LP a casete, una vez llegada la era digital, no demoran en ponerse al día.
“Alrededor del 95 es cuando se siente el fuerte  impacto de la piratería, cuando se populariza el CD y la llegada de tecnología que le permitía a la gente quemar un CD en su propia casa. En ese momento Fuentes estaba haciendo una gran inversión en un estudio de sonido 5.1 para cine y en tecnología. Lo que nunca se imaginó, fue que ésta se volviera en su contra. Ya para el 98 comienzan a quebrarse las pequeñas disqueras, pero como Discos Fuentes estaba tan capitalizada logró resistir. Aunque ahí es cuando reduce su personal a menos de la mitad y toca hacer muchos cambios. Ahora pues le siguió la corriente a la tecnología y montó su tienda en línea, saco ringtones y así le fue apostando a otras cosas. El mundo del disco en general ha tenido su evolución pero el disco físico tiende a desaparecer, así como desapareció el LP y el casete. Si por algo ha logrado mantenerse hasta ahora, es en gran medida gracias a su catálogo, a esas cumbias, gaitas, porros, salsas, mapales (…) a las que le apostó Toño Fuentes, por allá cuando eran consideradas ‘la olla podrida’ de la música del pueblo raso y que hoy son nuestro patrimonio cultural más valioso”. Afirma el productor.



En este estudio grabaron grandes orquestas como la de Fruko y sus Tesos. Ya ha sido remodelada pero conserva mucho de su aspecto original. .


Torno que se usaba en los años 60 para rallar la resina del disco virgen que luego sería copiado millones de veces.



Cartagena. Aquí nació Discos Fuentes. Foto del archivo fotográfico de Discos Fuentes

lunes, 30 de abril de 2012

Medialab TV, un nuevo canal, una nueva apuesta de EAFIT.


La posibilidad de acceso a un medio de comunicación democratizado, en el que los estudiantes realizan, emiten y consumen sus propias creaciones. Estudiantes "prosumidores"


Medialab TV es un canal de televisión en internet producido por estudiantes de Comunicación Social de la Universidad EAFIT, que se encuentra alojado en la plataforma USTREAM TV, una página web que contiene diferentes canales para su transmisión en vivo o en diferido. El proyecto que inició este año como parte de la asignatura de Producción de Televisión del énfasis en Cibermedios se encuentra enmarcado dentro de los procesos del Medialab EAFIT: un laboratorio dedicado a integrar procesos de aprendizaje, investigación y creación con nuevos medios y nuevas tecnologías; y que fue lanzado días atrás con un evento en el que logró impactar por la calidad y la innovación en sus productos, entre ellos, el canal Medialab TV.

En su parrilla de programación hay desde programas de entrevistas, perfiles y magacines como Directores, Protagonistas de Ciudad y La Ruta hasta formatos de ficción como en las series La Lista y Fobia. “La idea es que produzcan no solamente formatos periodísticos, que son los que normalmente producimos los comunicadores sociales, sino también que se arriesguen con otro tipo de formatos, como lo son, los formatos de ficción”, dice el profesor Diego Fernando Montoya, líder del proyecto.

Que los estudiantes puedan experimentar lo que es producir bajo las dinámicas reales de la industria de la televisión y se apropien de las posibilidades de creación que ofrece la convergencia de los medios de comunicación digital, son los principales objetivos que se quieren lograr con la creación de este nuevo canal, pero como también lo dice Diego F. Montoya “lo fundamental no es pensar en televisión tradicional sino pensar en web tv”. 

¿Y que implica producir para la web?
Antes de responder esta pregunta es bueno traer a consideración un aspecto importante a la hora de hablar de producción en un sistema de intercambio como el que se genera en Internet, refiriendome con esto a la figura de "prosumidor" un rol que había reinado hasta antes de la revolución industrial cuando "la mayoría de las personas consumian lo que ellas mismas producían"(Toffler., 1980), lo que Alvin Toffler denomina como la "primera ola". Hoy habiendo dejado un poco o mucho de lado una "segunda ola" que separaba el "consumidor" del "productor" con la llegada de otros sistemas económicos y el auge del "hágalo usted mismo", además del crecimiento de la Internet y la popularización de nuevas herramientas y plataformas para compartir y producir contenidos audiovisuales, este término, el de "prosumidor", se desplaza hacia el área del conocimiento y de los contenidos.  Esto quiere decir que bajo este nuevo sistema, quien produce, tambien consume y es así como se nivela a la audiencia con los productores de contenidos, y como se genera una nueva dinámica en producción para la web.

Es ante este nuevo panorama, en el que el ya no existe es un sujeto pasivo y receptivo y en el que las herramientas de producción y consumo estan al alcance de todos, que la universidad EAFIT decide apostarle a esta nueva forma de comunicación y hacer de sus estudiantes "prosumidores" para la web tv.


Según Diego F. Montoya al ser la web TV algo tan nuevo en el mundo, es un reto que se ha tenido que asumir a través de ensayo y error. Un proceso en cual tanto él como los estudiantes han podido entender que producir para web significa “un cambio de chip”. Producir otro tipo de formatos, con temporalidades más flexibles y cortas, y con un manejo de la imagen diferente.






Si en la TV tradicional se pensaba en capítulos de media hora, ahora aparecen los webisodios: capítulos de 7 u 8 minutos, cuya duración puede variar de una emisión a otra y que permiten ser vistos, por ejemplo, a través del celular mientras se está esperando en un taco o en una cita. También se implementa el uso de dispositivos móviles (celulares inteligentes y tablets) como herramientas de grabación y reproducción de los contenidos. Y el lifecasting como nuevo género audiovisual. Un ejemplo de esto se puede apreciar claramente en La Lista, una de las series del canal, que es enteramente grabada con tablets y cuya trama consiste en tres personajes que hablan sobre sus vidas y sus experiencias frente a una cámara web, implementando así el concepto de lifecasting.

 “Nos hemos dado cuenta que hay que manejar otro tipo de encuadres para la web. No funciona el plano megageneral porque se pueden perder de vista los objetos, ya que el contenido será visto generalmente en pantallas muy pequeñas.  La grafica es distinta, más visible. La web significa pensar de otra manera la producción de televisión” dice el profesor Diego para resaltar otra diferencia entre la televisión tradicional y la web tv.

Otras diferenciaciones importantes las hace Jennifer Argáez, una de las estudiantes que realiza La Lista y que a demás ya ha tenido la oportunidad de trabajar como realizadora en canales de televisión regionales y locales. “Lo que me gusta de la televisión por internet es que te da la ventaja de que puedes experimentar mucho y que no necesitas mucho presupuesto para hacerlo. Es un medio y una plataforma que te permite de una manera mucho más fácil jugar con tus ideas y  encontrarte otra gente a la que también les interesan, formando ahí redes de trabajo colaborativo. Mientras la televisión tradicional implica de entrada muchísimo dinero y que alguien te apruebe algo. Yo creo que son dos mundos muy diferentes que comparten obviamente un lenguaje audiovisual pero que en cuanto a dinámicas de producción y formatos sí son muy distintos.”


El proceso
Aunque el canal comenzó emisiones solo hasta el 2 de marzo, el trabajo empezó desde el principio del semestre académico. Durante las primeras clases de Producción de Televisión se explicó y se trabajó con los  estudiantes en cómo construir un proyecto de canal, cómo se realiza y se presenta un proyecto de programa y cómo es toda en la fase de preproducción de un producto audiovisual. 

Luego los estudiantes se dividieron en cuatro grupos de trabajo que comenzaron a funcionar como productoras. Para esto tuvieron la libertad de estructurarla cómo quisieran, ya fuera dividiéndose los procesos de guión, preproducción, edición, etc. o los capítulos a producir. Después cada productora tuvo que presentar su proyecto y entrar a una especie de “licitación”, lo que significaba que si dos proyectos eran similares se elegía el mejor. Se escogieron los cuatros programas que hacen hoy parte del canal: La Lista, Fobia, La Ruta y Protagonistas de ciudad.

Directores, otro programa que también se emite por Medialab TV, es un programa realizado por estudiantes del pregrado, pero no como parte de la materia sino por un interés personal de participar y aprender. Una característica de Medialab TV, es que es un canal abierto para todo aquel estudiante que quiera realizar su proyecto audiovisual, siempre y cuando acepte un compromiso de continuidad y calidad supervisado por Diego F. Montoya, que hace las veces de director del canal.

De ahí en adelante los grupos o productoras comenzaron a producir semana tras semana un capítulo de su programa, viéndose enfrentados a todas las dificultades, ritmos y dinámicas que vivirían en la industria de la televisión,  adquiriendo de esta manera una importante experiencia para su formación profesional.

Es así como hoy, con una nueva opción visual y con una variada programación, como se anuncian en Ustream, el canal Medialab TV, lleva casi dos meses al aire. Son 7 las emisiones que se han transmitido en directo todos los jueves a las 4 de la tarde, lo cual ha implicado que para este momento los estudiantes ya hayan tenido que realizar casi 40 productos audiovisuales. Para final del semestre se espera llegar a la undécima emisión.


Al preguntarle a Diego sobre el futuro del canal, responde: “El problema al que siempre nos enfrentamos en los escenarios académicos es que tenemos tiempos muertos. Así que el canal parará producción en vacaciones y comenzaría el semestre siguiente con los nuevos grupos y nuevos productos. La ventaja es que los capítulos quedan ahí (en Ustream) para ser vistos por demanda”






Para ver Medialab TV
Medialab TV se puede ver de muchas formas. Una de ellas es escribir Medialab TV en el buscador de la página web de EAFIT que te lleva directamente al canal. Otra es a través de Facebook, en la fan page del pregrado de Comunicación Social donde se encuentra el link de Ustream  o ingresando directamente www.ustreamtv/medialabtv

Las emisiones en directo son todos los jueves a las 4 de la tarde, pero para quienes no puedan verlas en ese horario, estas son almacenadas en Ustream para verse por demanda. Además para quién solo quiera ver un capítulo de determinado programa, está la opción de encontrarlo en el canal de Youtube del Medialab Eafit.

Siguiendo la filosofía del Medialab donde se gestó este proyecto de “aprender jugando”, Diego Fernando les dice a sus estudiantes: “Aunque esto es de mucho trabajo también es de diversión. Divirtámonos haciendo las cosas, hagamos cosas que nos gusten para que nos divirtamos haciéndolas”.


por último les dejo un capítulo de una de mis producciones preferidas del MedialLab TV. Se trata de La Lista. Una serie muy divertida que utiliza el lifecasting como un nuevo formato audiovisual e implementa el uso de Ipads para la grabación.





Bibliografía

Toffler., A. (1980). The third wave. Bogotá: Plaza & Janes. S.A.. Editores.

Diego Fernanado Montoya y Mauricio Vásquez (15 de Julio-diciembre de 2011). Cotidianidades trasmitidas en el ciberespacio, El fenómeno del Lifecasting . Co-herencia Revista de Humanidades .





lunes, 23 de abril de 2012

¿Se deben apoyar las nuevas leyes para regular el ciberespacio?

Como parte de la sociedad digital,  piense en si el Internet le ha facilitado realizar su trabajo y actividades cotidianas como: hacer investigaciones, encontrar y compartir información, subir y bajar música, imágenes, películas, libros, etc. Incluso gratuitamente. Si es así, luego imagine que un día muchas de los sitios web a través de los cuales usted podía realizar todo lo anterior ya no estuvieran disponibles, que estuvieran restringidos  o que muchas de estas actividades pudieran ser consideradas como un delito y, que además, pudiera ser penalizable. Ahora, como productor, traiga a su mente el contenido más difícil que haya realizado; luego deténganse a pensar en el tiempo, en el esfuerzo y en el dinero  que invirtió en ello; después, imagine que ese contenido sea utilizado sin su consentimiento, que sea intervenido de manera arbitraria o, peor aún, que alguien se apropie de él y usted no puede sacar beneficio económico mientras otros sí lo hacen.
Esa es la disyuntiva en la creo que estamos. Por un lado, como realizadores, productores y semejantes, deseamos que nuestras creaciones estén protegidas de un “mal uso” en el ciberespacio y, por otro, como parte de la sociedad digital, deseamos acceder y disfrutar del conocimiento, la cultura y el entretenimiento que están disponibles en muchos de los sitios de Internet que se verían afectados ante la aprobación de nuevas leyes para la protección de los derechos de autor. Entonces ¿cuáles son las posiciones al respecto? ¿De qué lado debemos estar? y ¿qué debemos considerar a la hora de tomar una posición frente al tema?

Los Hechos recientes y las diferentes posiciones
El 2011 termina con la aprobación de la puesta en marcha de la conocida “Ley Sinde”  en España y el 2012 empieza con las polémicas iniciativas legislativas para la de regulación de contenidos en internet y la protección de derechos de autor en EEUU, en Francia, en muchos países de América Latina y una más a nivel global conocida como el ACTA. Luego, el FBI cierra el sitio de megadescargas en Internet, MegaUpload, detiene a varios de sus administradores y a su excéntrico dueño, Kim “Dotcom” y los acusa por conspiración mafiosa, por infringir derechos y de propiedad intelectual y por lavado de dinero. Cargos por los que podrían ser condenados hasta a 50 en prisión. Con la tensión en el ambiente, se aprueba recientemente en Colombia una ley con este mismo propósito, conocida como la “ley Lleras 2.0.”, que ha sido ampliamente criticada no solo por sus implicaciones, sino por la manera en la que fue aprobada, según dicen, sin el debido debate, es decir, “a pupitraso”, sólo por complacer los intereses norteamericanos para que finalmente aceptaran firmar el Tratado de Libre Comercio.
Múltiples organismos han denunciado reiteradamente que estos proyectos de ley supondrían la censura y gravísimos atentados contra los derechos humanos, tales como: la libertad de expresión, el acceso al conocimiento y la cultura, la privacidad, el debido proceso, entre otros. Estas denuncias desencadenaron masivas campañas en internet a través de las redes sociales y de infinidad blogs por parte de la comunidad digital, periodistas e incluso artistas y creadores. También importantes compañías de Internet, principalmente Wikipedia, promovieron el “apagón digital” y cerraron su portal por un día como acto de protesta.
Por un lado, “los piratas” alegan que su actividad ha generado varios millones de empleos informales, desarrollando una labor social invaluable y urgente que los estados han sido incapaces de realizar: la redistribución del ingreso y, que además, su actividad desencadenó una revolución cultural sin precedentes al poner innumerables contenidos al alcance de las masas.
En oposición, las grandes compañías de Hollywood, de News Corporation y de software y tecnología como Adobe, Apple, Microsoft, entre otras, presionan para que estos proyectos de ley sean aprobados, basando sus argumentos en que “la piratería” les han generado grandes pérdidas no sólo a ellas mismas sino también a los autores de los contenidos, a las empresas que los distribuyen y, por supuesto, a las arcas de las naciones. No es de extrañar entonces, que estas megacompañías se vean respaldadas por los gobiernos, sobre todo, el de EEUU. Sostienen además, que sólo en los últimos dos años se han perdido más de un millón de puestos de trabajo formal por esta misma razón.
Hasta este punto la mayoría de las personas logran entender la cuestión: “piratas”  (a los que se le podrían sumar los hackers y algunos ciberactivistas) vs los políticos y las megacompañías. Si embargo, muchos siguen sin lograr identificarse ni con los unos, ni con los otros y continúan sin saber de qué lado situarse.  Esto se debe a que hay un tercer gran grupo que la mayoría no reconoce o, que por estar en oposición a las nuevas leyes para regular las dinámicas del ciberespacio, confunden con el primero.
Este tercer grupo,  el de la comunidad de la cultura libre, es un heterogéneo movimiento social que se basa en el principio de libertad para distribuir o modificar trabajos y obras creativas, usando internet así como otros medios; oponiéndose a que la  industria  use la tecnología y las leyes para encerrar la cultura y controlar la creatividad. Es por esto que promueven una modalidad menos politizada, monopolizada y más flexible de los “Copy Right” o derechos de autor, los “Creative Commons” y el ”Copy Left”,  que permite a los propios creadores o autores ser quiénes definan los términos en que sus obras pueden ser usadas, qué derechos desean entregar y en qué condiciones lo harán. Estableciendo así un nuevo paradigma para el desarrollo cultural y científico desde Internet.
Sus representante más fuertes, entre ellos el abogado y catedrático Lawrence Lessig, especializado en derecho informático, sostienen con fuertes argumentos que para sancionar los delitos que puedan cometerse en Internet, basta con las leyes penales actuales y, que lo que se debe hacer es actualizarlas un poco.
Son los conceptos de esta “comunidad de la cultura libre”, los que creo más coherentes no solo para un estado de derecho como el nuestro, que debe garantizar que no sean vulnerados los derechos ni de los unos: compañías de entretenimiento, autores, disqueras, editoriales, programadoras y afines, ni de los otros: la comunidad digital: todos los que usamos el Internet; sino para un mundo globalizado como en el que estamos viviendo, en el que se han generado nuevas dinámicas para el desarrollo, nuevas formas de pensamiento y creación colaborativa y, donde aparecen figuras como el “prosumidor” (productor que a la vez es consumidor), “nativo digital” (aquel que nació en la era digital y cuyo estilo y calidad de vida depende en gran medida de la tecnología y el internet) y el “inmigrante digital” (aquél que a pesar de que no nación en la era digital, ha adoptado e integrado todas sus dinámicas).

Las nuevas legislaciones desde el punto de vistas de la comunidad de la cultura libre.
Para poder entender los alcances de estas iniciativas legislativas para el ciberespacio, el primer paso, es aclarar qué se consideraría delito y  qué se restringiría o penalizaría, es decir, qué cambia en las dinámicas de la sociedad digital. Aunque las iniciativas alrededor del mundo son muchas y entre ellas con múltiples variaciones, en general, todas coinciden en los puntos que resaltaré a continuación:
1.       Cada uso es una copia (Lessig, 2004). si pegas la noticia de un medio de comunicación en tu blog o página en Facebook, envias una canción (por la que incluso pagaste) a través de un mail, o simplemente pasas el último CD que compraste a tu reproductor de MP3, estás haciendo algo ilegal. En este punto, la frontera entre usos legítimos e ilícitos es cada vez más difusa y se confunde a los usuarios desprevenidos con los “piratas”.
2.       Subir o descargar gratuitamente de Internet discos, películas, libros, etc. que se encuentre protegidas bajo el Copyright también es delito. Esto incluye los casos en los que lo hagas sin recibir ninguna clase de lucro por ello o, si simplemete descargaste una pleícula para ver en familia y en la privacidad de tu hogar.  Según Lessing, existen cuatro tipos de usuarios de redes de intercambio de archivo (MegaUpload, eMule o BitTorrent): 1) Los que pudiendo pagar, descargan gratuitamente, 2) los que buscan recomendaciones o que quieren probar antes de comprar, 3) los que buscan contenidos antiguos o descontinuados y 4) los usuarios que buscan contenidos libres o sin derechos de autor; considerando solo dañinos para el ecosistema de la industria cultural, al primer grupo. Desde este panorama, Lessing, propone analizar si los perjuicios de los usuarios dañinos podrían superarse por los beneficios que se reciben y generan los demás usuarios y reconsiderar el concepto amenazante que tienen de la tecnología sobre ese mercado.
3.       Las obras reciben protección por un lapso en el cual se logre beneficiar a su autor y luego pasan al dominio público para beneficiar a la sociedad. En nuestro ecosistema cultural,  nuevos autores se inspiran en las obras “liberadas” para crear nuevas obras o versiones, reproduciendo el ciclo. Con las nuevas legislaciones estos plazos se extienden tanto que desbalancean este ecosistema, tanto así que desde 1930 ninguna obra ha pasado al dominio público. Lo más irónico es que Disney, uno de los principales impulsores de estas leyes, en sus primeras películas animaron clásicos que eran de dominio público y que hacían parte de la historia y la cultura de occidente.
4.       Todo es una remix, reinterpretación o adaptación. Si analizamos el surgimiento y las creaciones de las principales industrias de contenidos de EEUU, veremos claramente que la mayoría se ha consolidado gracias a nada menos que la “piratería”. En la serie documental Everithin is a remix de Kirby Ferguson, se muestra claramente y con infinidad de ejemplos, como las ideas se reutilizan constantemente en la industria musical y cinematográfica. De las 10 películas más taquilleras del año durante los últimos 10 años, 74 de 100 fueron remakes o adaptaciones de películas anteriores. Con las nuevas legislaciones este proceso al que tantas megacompañías deben su imperio se ve gravemente afectado y restringido. Este registro histórico demuestra que en muchos casos es necesario recurrir a las creaciones de otros para fomentar nuevos emprendimientos. Es absurdo pretender que con los grandes avances que ha hecho la humanidad, retrocedamos a crear desde cero.


Parte 1 de la la serie documental Everithin is a remix de Kirby Ferguson





5.    Aquí un punto importante para entender la mirada de este tercer bando de la “Guerra ciberespacial”.  El común de la gente ignora qué es el Copyright. Otros tantos creen que los que apoyan la cultura libre y están contra de las nuevas legislaciones sobre los derechos del autor de una obra  en Internet y en general, pretenden que los libros, música y películas se regalen, mientras los artistas y creadores  mueren de hambre; lo cual es un error. Por ejemplo Lessig enfatiza en la necesidad del copyright para proteger a los autores, pero reflexiona en que el problema es que los progresivos y cada vez más estrictos cambios legales y tecnológicos de las últimas décadas lo han convertido en una herramienta que, más que proteger, enclaustra la cultura. Las nuevas legislaciones que contemplan el copyright parecieran dejar los contenidos culturales y educativos solo para cierta parte o elite que tenga la capacidad económica de acceder a ella. “nunca en la historia menos gente ha tenido tanto poder para controlar la cultura” (Lessig, 2004)


Continuado con lo expone Lessig en Cultura Libre. Todas estas prohibiciones y exageradas regulaciones para proteger los derechos de autor traen 3 graves consecuencias: Inhibe la creatividad, Inhibe la innovación y Criminaliza a los ciudadanos. Agrego yo una cuarta, recogiendo miles de opiniones: Censura. Blogueros, twitteros y usuarios de Facebook tendrán que pensar dos veces si cuelgan en sus páginas fragmentos de programas de televisión, aunque lo hagan sin fines comerciales o con fines de generar debates o discusiones frente a un tema. Y refuerzo otra que Lessig menciona, así como muchos otros que debaten sobre el tema: restringe el acceso a la cultura y la educación que todo ciudadano debería tener por igual sin importar su condición socioeconómica. Los estudiantes no podrán llevarse a sus casas videos de las bibliotecas de colegios y universidades por temor a ir a la cárcel.

Teniendo en cuenta que en el mundo solo un 5% de las empresas se beneficia de las leyes de derecho de autor, mientras el otro 95% permanece marginado y pudiendo reconocer las cartas que se pusieron sobre la mesa y las reglas de juego (tan arbitrarias en muchos sentidos), los ciudadanos tenemos que valernos de los comodines para seguir jugando. El sistema de Licencias Creative Commons, creado por Lessig es un funental comodín que hasta el momento ha permitido que los autores tomen el control de sus propias obras y reconstruyan así el “dominio público”. Estas son un complemento al copyright donde, en vez de tenerse todos los derechos reservados, el mismo autor establece sólo algunos derechos reservados. Usando una licencia Creative Commons en su obra, el autor ofrece (de antemano) permiso para que ésta se use en los términos que él mismo especifique, favoreciendo su difusión.

Son muchos los puntos por evaluar en este complejo tema en el que juegan tantos intereses. Yo particularmente creo que la protección de los derechos de autor no tiene por qué ir en contravía del bien común y del respeto por otros derechos fundamentales como el de la educación, la libre expresión, el acceso a la cultura y la privacidad. "Lessig asegura que pueden convivir un modelo de licencia o contrato con los tres puntos básicos: libertad para su distribución, copiado o para utilizarse en futuras obras derivadas, con otras licencias restrictivas en alguno de estos puntos, a medio camino entre lo propuesto por Stallman con licencias "víricas" y las licencias de protección intelectual habituales."  (Wikipedia, 2012).

 “Venimos de una tradición de "cultura libre"—no necesariamente "gratuita" sino "libre" en el sentido de "libertad de expresión", "mercado libre", "libre comercio", "libre empresa", "libre albedrío" y "elecciones libres". Una cultura libre apoya y protege a creadores e innovadores. Esto lo hace directamente concediendo derechos de propiedad intelectual. Pero lo hace también indirectamente limitando el alcance de estos derechos, para garantizar que los creadores e innovadores que vengan más tarde, sean tan libres como sea posible, del control del pasado. Una cultura libre no es una cultura sin propiedad, del mismo modo que el libre mercado no es un mercado en el que todo es libre y gratuito. Lo opuesto a una cultura libre es una "cultura del permiso"—una cultura en la cual los creadores logran crear solamente con el permiso de los poderosos, o de los creadores del pasado” (Lessig, 2004)

Tendrán o por lo menos deberían revisarse entonces hasta que punto deben llegar la nuevas propuestas legislativas para la protección de derechos de autor, qué tan eficientes serían realmente, a quiénes estaría protegiendo, cuántas personas se estarían beneficiando con ellas y si no estarían en detrimento de la cultura del mundo.

  1. Aquí un punto importante para entender la mirada de la comunidad de la cultura libre.  El común de la gente ignora qué es el Copyright. Otros tantos creen que los que apoyan la cultura libre y están contra de las nuevas legislaciones sobre los derechos del autor de una obra  en Internet y en general, pretenden que los libros, música y películas se regalen, mientras los artistas y creadores  mueren de hambre; lo cual es un error. Por ejemplo, Lessig, enfatiza en la necesidad del Copyright para proteger a los autores, pero reflexiona en que el problema es que los progresivos y cada vez más estrictos cambios legales y tecnológicos de las últimas décadas lo han convertido en una herramienta que, más que proteger, enclaustra la cultura. Las nuevas legislaciones que contemplan el copyright parecieran dejar los contenidos culturales y educativos solo para cierta parte o elite que tenga la capacidad económica de acceder a ella. “nunca en la historia menos gente ha tenido tanto poder para controlar la cultura” (Lessig, 2004)
Continuado Lessig y apoyándome en lo que expone en su libro en Cultura Libre, debo resaltar que todas estas prohibiciones y exageradas regulaciones para proteger los derechos de autor en Internet, traen 3 graves consecuencias: Inhiben la creatividad, Inhiben la innovación y criminalizan a la sociedad digital. Agrego yo una cuarta consecuencia, recogiendo miles de opiniones que he rastreado en las redes sociales: Censuran. Blogueros, twitteros y usuarios de Facebook tendrán que pensar dos veces si cuelgan en sus páginas fragmentos de programas de televisión, aunque lo hagan sin fines comerciales y sólo para generar debates o discusiones frente a un tema. Es de resaltar también que se restringiría el acceso a la cultura y la educación  a la que toda persona tiene derecho y, que no debería estar condicionada por si tiene o no la capacidad económica que le permita acceder a contenidos que le ayuden en estos fines.
Ahora, teniendo en cuenta que en el mundo solo un 5% de las empresas se beneficia de las leyes de derecho de autor, mientras el otro 95% permanece marginado y, habiendo ya puesto las cartas sobre la mesa y teniendo claras las reglas de juego de las nuevas legislaciones, es momento de que se pregunten nuevamente qué posición tomar frente al asunto.  La comunidad de la cultura libre, propone que por el momento, nos valgamos de los comodines que tenemos ya a nuestro alcance, pues pasará mucho tiempo antes de que se llegue  a un sistema en el que no prevalezca el poder de la industria sobre la los intereses y necesidades de la sociedad.
Son muchos los puntos por evaluar en este complejo tema en el que juegan tantos intereses. Yo particularmente creo que la protección de los derechos de autor no tiene por qué ir en contravía del bien común y de otros derechos fundamentales.
 “Venimos de una tradición de "cultura libre"—no necesariamente "gratuita" sino "libre" en el sentido de "libertad de expresión", "mercado libre", "libre comercio", "libre empresa", "libre albedrío" y "elecciones libres". Una cultura libre apoya y protege a creadores e innovadores. Esto lo hace directamente concediendo derechos de propiedad intelectual. Pero lo hace también indirectamente limitando el alcance de estos derechos, para garantizar que los creadores e innovadores que vengan más tarde, sean tan libres como sea posible, del control del pasado. Una cultura libre no es una cultura sin propiedad, del mismo modo que el libre mercado no es un mercado en el que todo es libre y gratuito. Lo opuesto a una cultura libre es una "cultura del permiso"—una cultura en la cual los creadores logran crear solamente con el permiso de los poderosos, o de los creadores del pasado” (Lessig, 2004)
Tendrán o, por lo menos deberían revisarse entonces, hasta que punto deben llegar las nuevas propuestas legislativas para la protección de derechos de autor, qué tan eficientes serían realmente, a quiénes estaría protegiendo, cuántas personas se estarían beneficiando con ellas y si no estarían en detrimento de la cultura del mundo.


Bibliografía:

Lessig, L. (2004). Cultura Libre. Cómo los grandes medios usan la tecnología y las leyes para encerrar la cultura.
Wikipedia. (26 de marzo de 2012). Wikipedia. Recuperado el 19 de abril de 2012, de Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Lawrence_Lessig